La Paz, 22 jul.- "La soberanía alimentaria es parte de la propuesta de la reconstrucción de la relación del hombre con la naturaleza. Para ser consecuentes, diríamos que es uno de los pilares del vivir bien, de aquella propuesta que en fin de cuentas plantea una alimentación pero al mismo tiempo exige un pensamiento sano. El hombre es parte de la naturaleza, no es el dueño", señala el investigador del Centro de Servicios Agropecuarios y Socio Comunitarios (CESA), Adalberto Kopp, que así reflexiona sobre la importancia crucial de la agricultura familiar campesina en América Latina y en especial en Bolivia.

Agricultura familiar campesina alimenta al puebloPese a los malos augurios y quienes piensan que esta forma de producir alimentos está en extinción y arrinconada por la vorágine de la agroindustria depredadora, la agricultura familiar campesina sigue siendo el pilar esencial para la alimentación del pueblo y es portadora fundamental de la soberanía alimentaria, afirma Kopp.

Pero aclara que es un error contraponer una con la otra, pues son compatibles en muchos aspectos, aunque coexisten desde hace décadas con sus propias lógicas y en contextos económicos y culturales concretos.

“Que la agricultura ecológica, comunal, familiar muestre lo que es, como lo está mostrando. Como ejemplo, uno va al mercado Rodríguez de La Paz y encuentra de todo. Hay leche importada de Nueva Zelandia, cachivaches de todo tipo, pero también lo que comemos: acelgas, arvejas, habas, papas, ocas, etc. Entonces no se debe levantar el grito al cielo diciendo que la agricultura familiar campesina se nos está muriendo; no está muriendo”, dice el investigador.

Aclara sin embargo que esa agricultura familiar campesina no se la puede seguir haciendo como lo hacían nuestros abuelos, pues no va a avanzar sin la investigación científica necesaria. “Tenemos que experimentar en el terreno para definir cuál es la tecnología más apropiada, cómo tenemos que alternar los cultivos, porque una tierra no es solamente para un solo producto, es que es la lógica de la producción agroindustrial”, afirmó.

Kopp critica a quienes pretender hacer una competencia ente la agricultura familiar campesina y la agroindustria. Es como hacer carrera entre un automóvil y una bicicleta, donde todo el mundo sabe quién va a ganar, pero esto no excluye a uno del otro.

El investigador entregó hace poco su última publicación bajo el título Organizaciones Indígenas y Campesinas y Soberanía Alimentaria, contexto boliviano e internacional, donde expone las raíces culturales, los hitos históricos y los intercambios dinámicos que llevaron precisamente a esas organizaciones “a comprometerse con la soberanía alimentaria”.

De hecho, en la publicación desvela los antecedentes de aquel concepto que vino de la mano de los postulados del Movimiento Campesino de Base (MCB) que en 1992 hizo por primera vez tal formulación, a propósito de los 500 años de resistencia a la conquista española,

La soberanía alimentaria resulta ser un planteamiento radical frente al modelo capitalista, que es una mirada mercantilista (inmediatista) de la producción de alimentos. Nadie mejor que los pequeños productores agrícolas, las familias campesinas, las que planteen precisamente lo que el Gobierno boliviano logró agendar en la Organización de Estados Americanos (OEA) en su 42ª versión realizada en Cochabamba.

En criterio del investigador, lo logrado en la OEA es un indiscutible avance para las organizaciones campesinas indígenas porque, por primera vez, un país como Bolivia logra incorporar el tema de la Seguridad Alimentaria con Soberanía en ese contexto, donde predominan las visiones de Estados Unidos, Canadá y Chile, para quienes la soberanía es poco menos que una mala palabra.

“Yo asumo una postura que se puede llamar optimista. Es un avance que se haya aceptado que la seguridad alimentaria sea el tema central. En el mismo título entra esa consigna medio boliviana, medio bolivariana, al hablar de seguridad alimentaria con soberanía. Eso se muestra como una muleta roja para el toro que son los Estados Unidos, Canadá y Chile, que no quieren saber de este concepto” afirmó el investigador Kopp.

Afirma que hay que tomar en cuenta que a Estados Unidos no le interesa nada más que su propio bienestar, por eso no ha ratificado ni siquiera el protocolo de Kioto o, por poner otro ejemplo de los muchos que hay, no se ha sumado al Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. “Es un país tan egocéntrico que el resto del mundo no le interesa”, añadió.

“El documento de la OEA tiene de todo, pero hay un claro pronunciamiento en favor de la agricultura de los pequeños productores para una alimentación sólida y sostenible. Eso resalta muy bien para una alimentación sana”.

La soberanía alimentaria frente al agronegocio

La soberanía alimentaria se entiende como el derecho de todo pueblo a decidir sobre qué alimentos producir, cómo producirlos y decidir sobre su propia política alimentaria. Pero está claro que bajo la lógica capitalista no puede ser posible, aunque subsiste y se abre paso en medio de la crisis y el mal tiempo, porque está en contra del proceso de globalización, del mercado mundial.

El mal tiempo y la adversidad se ponen de manifiesto en las políticas altamente proteccionistas que desarrollan los países industrializados de manera escandalosa a través de subvenciones a sus productores.

En ese marco, en pleno auge del neoliberalismo, de lo unipolar, éstos pujaron y empujaron para que el comercio agrícola se someta a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Eso ha provocado que la producción de alimentos sea un negocio que favorece a las grandes empresas transnacionales y ha llevado incluso a ese molino a los propios organismos internacionales subordinados a la OMC.(Cambio)