Una Mamá se desempeña en un oficio reservado a los varones

La Paz, 27 may. —Maestro... ¿puede cambiármelo las balatas? Pregunta un chofer despreocupado que le mira un par de segundos y enseguida rectifica el error: “Disculpe, disculpe, señora”. Es que Amanda Ramos Villca, madre de un niño de tres años, incursionó hace uno en un gremio reservado hasta ahora a los hombres.

Ella, junto a su hermana, trabaja en el taller Primo, ubicado cerca al estadio Bolívar, en Tembladerani, enfundada en un overol que perdió el color por el aceite y la grasa, y luce un ch’ulu que oculta un moño.

Amanda se mete debajo de los vehículos con una agilidad envidiable, afloja los pernos, cambia balatas con ahínco y no le importa el qué dirán. A pesar del pesado trabajo en el taller, las tareas se prolongan inevitablemente en el hogar porque debe atender a su hijo, del que habla con orgullo inigualable hasta que se hace un nudo en la garganta que le impide continuar con la charla.

A Amanda el oficio no le resulta desconocido porque creció en medio de llaves, balatas, discos de embrague y otros porque su papá, Primo, es el dueño del taller, aunque antes de tener su retoño estudiaba Comunicación Social.

Relata que alterna su oficio de balatera con la educación de su hijo Ángel Galef Quispe Ramos, a quien muchas veces lo deja en la guardería porque el taller no es un lugar para los niños, aunque de vez en cuando lo lleva a su fuente laboral.

Amanda no reprime sus lágrimas cuando habla de su hijo Ángel. Cuenta que se levanta muy temprano, le prepara su desayuno, encamina sus pasos a la guardería y se va derecho al taller Primo. Entrada la noche lava ropa, prepara la cena y añora a su madre fallecida.

En el taller se enfunda su overol e irremediablemente se mete debajo los vehículos para aflojar los pernos, limpiar el tambor, cambiar repuestos. Antes de ingresar como mecánica era voceadora de un minibús, pero el trabajo era muy sacrificado porque llevaba a su hijo.

“Ser mamá es ser todo. Alegría, tristeza, pero gracias a Dios que me hizo mamá. Mi hijo es todo para mí”, dice con infinita alegría.

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