Indignación por aberraciones de "crías" de Manada boliviana

La Paz y Santa Cruz, 19 dic.- Bolivia trataba el jueves de mitigar la náusea que le provocó la sarta de vejámenes inferidos a una joven de 18 años, drogada, golpeada y violada salvajemente por 4 sujetos entre 14 y 20 años en la ciudad de Santa Cruz (este), cuya sociedad salió de la política y los preparativos tradicionales de las navidades para cuestionarse por la precipitación de algunos de los preceptos que deberían sustentarla.

"Qué nos pasa", escribió en su muro de Facebook el director del periódico El Deber, Tuffi Are, luego que el caso sacudiera la fibra íntima de la población boliviana que asistió estupefacta al relato crudo y cruel de los hechos registrados el fin de semana en una discoteca y un motel de esa ciudad a 900 km de La Paz.

Publicación del periódico El Deber de Santa Cruz.
Publicación del periódico El Deber de Santa Cruz.

Tanto así que, inopinadamente, El Deber publicó en portada, contra todo pronóstico, las fotografías de los implicados, "hijitos de mamá", como los aborrecieron en las redes sociales, y sólo obvió al adolescente que iba camino a una correccional.

Los nombres de los implicados circulan en todas las redes sociales.

La opinión pública ardió en el ácido de indignación cuando la madre de uno de ellos, funcionaria de la Alcaldía de Santa Cruz, intentó con lenguaje y señas groseras minimizar el actuar de su criatura.

Lo menos suelta de cuerpo inconsciente del tamaño del crimen que cargaba contra su retoño, la mujer, que consideró que no se trataba de una violación propiamente dicha, porque el acceso carnal "fue anal", trató de atenuar el crimen de su muchacho "porque el único pecado que cometió fue meterse en un motel a drogarse", ya que no podía hacerlo en plaza pública.

La víctima, a quien los médicos legistas le prescribieron 19 días de impedimento, fue obligada, se presume por la golpiza que recibió, a consumir un cóctel en extremo letal -que pudo incluso cobrarle la vida- de cocaína, marihuana, alcohol y éxtasis.

Un empleado del motel salvó la vida de la joven al socorrerla cuando ella, siempre según la madre de unos de sus victimarios, "una drogadicta antigua", convulsiona después del terrible martirio.

Antes que la justicia obre este jueves y envíe a los otros 4 a una cárcel de máxima seguridad, organizaciones de mujeres manifestaron en las calles para que los operadores de justicia cumplan su trabajo y ordenen encierro para los miembros de "La Manada boliviana".

"Estamos acá como mujeres: ya basta de tanta violencia, tanta retardación de justicia, para advertir a los vocales, a los jueces, que si no conseguimos justicia nosotras nos declaramos en alerta. Vamos a iniciar una serie movilizaciones y advertirles algo, sobre todo a los familiares de La Manada que sabemos que tienen dinero y que tienen influencias. Si ustedes con su dinero, con su poder, con sus influencias, con sus redes son manada, nosotras las mujeres cuando nos unimos somos turbión", mantuvo la abogado Jessica Chavarría, conocida en Santa Cruz por su lucha contra los pegadores de mujeres.

En medio de la susceptibilidad general de que los poderes y platas de los familiares de los violadores agudicen la venalidad de los operadores judiciales, el presidente Evo Morales envió a su ministro de Justicia, Héctor Arce, a Santa Cruz, para que no despegue su atención de la audiencia que terminó con 4 de los 5 en los calabozos de la cárcel más violenta, peligrosa y hacinada del país.

Más tarde, el ministro de Gobierno, Carlos Romero y su colega de Justicia, Arce, se sumaron a la acusación.

"Nos apersonaremos conjuntamente (con) el Ministerio de Justicia en un hecho (que es) inaceptable para la sociedad", dijo en conferencia de prensa.

Llamados por el destino a hacerse hombres en el peor de los moldes, la cárcel de Palmasola, los miembros de la Manada boliviana, vomitivo remedo de la española que recogió las indulgencias de la justicia y el repudio internacional, deberán enfrentar ahora la indignación y atención pública que no declinará hasta que se escuche la sentencia final de culpabilidad. (ABI)

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