Deshielo de los glaciares altera la forma de vida de comunidades bolivianas

Machuma Chico, La Paz, 18 Nov.- En las empinadas laderas de las montañas Huayna Potosí y Chacaltaya hay una serie de pequeñas comunidades que apenas logran ganarse la vida criando llamas, ovejas y pollos, y cultivando pequeñas parcelas con papas y oca, planta perene que crece en la región central y meridional de los Andes.

Muy por encima de esas comunidades, según la nota elaborada por Trygve Olfarnes y Andi Gitow del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el glaciar de Chacaltaya, que ha sostenido esas actividades, está desapareciendo a un ritmo completamente inesperado: tres veces más rápidamente que lo pronosticado hace sólo 10 años, y desaparecerá en una
generación. El glaciar donde antes había una cancha de ski está reducido ahora a una pequeña superficie de nieve y hielo muy cerca de la cumbre, de 18.000 pies de altura.

En las empinadas laderas de las montañas Huayna Potosí y Chacaltaya hay una serie de pequeñas comunidades que apenas logran ganarse la vidaCon esa transformación, una malla de vida que depende de esas aguas provenientes del glaciar está cambiando irrevocablemente.

Muchas de esas parcelas en las laderas están ahora cultivadas mayormente por mujeres, algunas de ellas mayores de 70 años, otras, niñas que deberían estar asistiendo a la escuela. Aún cuando logran sobrevivir cultivando la tierra, no tienen ningún excedente para vender, de modo que los hombres se han visto obligados a marcharse de las montañas para trabajar en lo que puedan encontrar en las cercanas ciudades de La Paz o El Alto.

El líder de la aldea, Félix Quispe, por ejemplo, se siente profundamente conectado a la tierra que sus antepasados han cultivado durante generaciones. Pero ahora pasa gran parte de su tiempo en la ciudad vendiendo papel higiénico y lavando ventanas.

“Es muy triste”, dice. “Muchas personas se han ido, muchas casas están abandonadas… los maridos regresan al hogar tal vez un par de veces por mes. Sería muy bueno poder vivir como vivíamos antes y no con el corazón destrozado, un día tras otro”.

La vida prosigue

Mientras tanto, Leocadia Quispe, nacida y criada en la comunidad de Botijlaca, en las laderas de otro glaciar que está desapareciendo, sigue cultivando papas y oca en uno de los climas más hostiles de América del Sur. Tiene 60 años y ocho hijos, de los cuales sólo uno vive cerca. Los otros siete migraron a otras partes del país “porque aquí no hay manera de ganarse la vida”.

Cada día, se levanta a las cuatro de la mañana y hierve agua para hacer té de manzanilla. El desayuno es caya, oca remojada en pozos de agua durante dos meses. Como almuerzo, ella, su hija y sus nietos comen oca, papas y a veces, carne de llama o de cordero.

Leocadia dice que la familia debe acarrear agua desde el rio, para uso personal y para regar sus cultivos. “Ahora hay menos agua”, dice. “Solíamos obtener agua de riego recogiéndola en los arroyos que venían del glaciar. Pero los arroyos han desaparecido, de modo que ahora debemos obtener agua de un rio más distante, en el valle”.

La señora Quispe acarrea el agua subiendo las empinadas laderas con envases de cinco litros, uno en cada mano. La falta de riego natural redunda en que haya menos alimentos para los animales. “Algunas llamas se han muerto de hambre”. Leocadia agrega que no sabe cuál es la causa del deshielo de los glaciares; pero lo que sí sabe es que hay menos agua para su familia, para los animales y para los cultivos.

Aspectos sociales y culturales del cambio

“Los jóvenes tienden a marcharse de estas zonas” dice Jaime Nadal, Representante en Bolivia del UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas. “Lo común es que las mujeres ancianas que quedan en la comunidad tengan que realizar tareas cada vez más pesadas para mantener el hogar. Ya estamos viendo que muchas de estas comunidades están constituidas predominantemente por mujeres ancianas”.

Las tradiciones culturales destacan lo doloroso de esos cambios. Por una parte, la cultura valora la complementariedad entre los papeles de hombres y mujeres, la cual ha sido perturbada por los recientes cambios. Y la gente está de duelo debido a la desintegración de sus profundas conexiones con la Pachamama, la Madre Tierra. “Esta cultura está muy vinculada con la tierra”, dice Nadal. “En nuestra cultura, la persona es una persona en el marco de los campos, el sol, la tierra, el agua”.

La velocidad de la pérdida es alarmante

Si bien las causas de algunos fenómenos del medio ambiente son difíciles de discernir, la pérdida de glaciares tropicales está directamente asociada con el calentamiento mundial, según Robert Engelman, el autor principal del informe Estado de la Población Mundial de este año, titulado Frente a un mundo cambiante: Las mujeres, la población y el clima. Engelman dice: “Las mujeres están en la línea del frente de muchas sociedades afectadas por los efectos del cambio climático; y la investigación indica que son cada vez más vulnerables a esos efectos”. Este es uno de los temas analizados en el informe principal del Fondo para 2009, que se da a conocer a escala mundial el 18 de noviembre.

Casi todos los denominados glaciares tropicales están ubicados en los Andes. De ellos, un 20% está ubicado en Bolivia y la mayor parte del resto, en el Perú. Entre 1987 y 2004, lo glaciares en la Cordillera Real del país perdieron 84 kilómetros cuadrados, o un 24% de su superficie, según informan los Ministerios del Agua y del Medio Ambiente de Bolivia y la desaparición continua, a una velocidad preocupante. La velocidad del deshielo significa que algunas de las tierras de menor altitud en el país están experimentando inundaciones que empeoran de un año a otro.

La pérdida de los glaciares también perjudica el abastecimiento de agua a las ciudades de La Paz y El Alto. “¿Qué hará el mundo cuando dos millones de personas no tengan agua de beber”?, pregunta José Gutiérrez, un experto del cambio climático en Bolivia.

Agrega: “Es necesario que el mundo sepa lo que está ocurriendo en Bolivia. Estamos perdiendo algo que es un derecho humano, una fuente de vida: agua para beber, para los alimentos, para los animales, para producir electricidad. También necesitamos tener un futuro, al igual que cualquier otro pueblo de este mundo”. (Erbol)


 



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