Villansikus navideños de Coco Manto

Ojalá adoptemos este neologismo, Villansikus, para auspiciar más gracia y autenticidad en las coplas navideñas de nuestra gente, para cantarlas en honor del que bien nace, es decir el Hombre Nuevo que nos predijo el Che. Habría que salirnos del marasmo pascual, clerical y claudicante que entristece la Navidad al sostener que nacerá un Niño que morirá fatalmente en la cruz dizque por nosotros, porque así está escrito.

¿Por qué tendría que ser así? Habría que cerrar las puertas de nuestra voluntad y entendimiento a los predicadores de tanto fatalismo. Nacer en un pesebre prestado y pobre para caminar hacia una cruz de tremenda muerte es una tesis colonialista que hay que superar. No, caramba. Para el que niño que nace –o nos nace cada año- no tiene que haber una final de sufrimiento con su cauda de traiciones, espinas, latigazos, clavos y sangre a raudales en una cruz de exterminio. ¿Quién quiere una salvación a ese precio de desprecio por la vida? Hay que cantarnos villancicos gozosos con sikus, que sean villansikus.

A ver, a ver. Si como dice la Biblia fuimos creados de un soplido, soplemos con ganas para sacarle música a la vida, como hacen los aymaras, quíchuas, uru chipayas y otros pueblos que dan su aliento a sus instrumentos de caña y madera -tarkas, quenas, sicus, pinkillus, erkes, julajulas, tokoros, sankas, toyos, lichimayus, etcétera- para dar sonoridad a su existencia. Al soplar respiramos y con esa terapia se mantienen vivos y tocables nuestros corazones y pulmones. Sicu es el nombre originario de la zampoña, que es un terminajo del castellano arcaico. Quienes tocan sicus son los sicuris, de la misma manera como, según nosotros y aimarizando el castellano, los que tocan zampoñas son zampoñaris.

Con villansikuris o zampoñaris celebremos, pues, a los niños de nuestra patria plural. Bolivia es una niña. Estamos en el comienzo de la Bolivia wawita, múltiple de lenguas, patronímicos y caracteres a futuro. Al cabo, es el tercer año de habernos asumido Estado Plurinacional y nuestra Navidad infantil bien merece ser cantada.

Van, pues, estos villansikus en versos de viento, para que los villansikuris le pongan su aliento musical:

1.- La esperanza es en Bolivia/ el Nacimiento mayor,/ cantemos con alegría/ los villansikus de amor.

2.- Erkes, tarkas y chokelas/ que suenen bonito y bien/ para despejar las penas/ que comienzan en Belén.

3.- Cantemos los villansikus/ chullu-chullus al compás/ que se cumplan los deseos/ en esta noche de paz.

4.- Nos dejó escrito un lorito/ en una hoja tropical/ que San José es de Chiquitos/ María, de Trinidad.

5.- Con bombos y jula-julas/ los pastores bailarán/ dando vueltas por la cuna/ de la wawita chimán.

6.- Vienen tocando los toyos/ su bajo profundo en Re/ para brindar sus apoyos/ al niñito de Ayapé.

7.- ¿Por qué sólo nacen niños?/ dijo el pájaro moré/ si merecen más cariño/ las niñas yuracarés.

8.- Cuando nace una pelada/ pandina nace la luz/ su familia la consagra/ el día del patujú.

9.- Se acercan los lichimayus/ desparramando su son/ leche y queso son regalos/ para el chico sirionó.

10.- Zampoñaris de Italaque/ toquen en clave de Sol/ pa’que el Manuelito yuki/ no sepa lo que es dolor.

11.- Para San José y María/ hay el Bono Dignidad/ Bonito Juancito Pinto/ para el Niño en Navidad.

12.- Ha de nacer una wawa/ estrellita mosetén/ y los quena quenas bailan / para que le vaya bien.

13.- El almapinkillu suena/ bien afinadito en Sí/ que se salve de las penas/ el chiquito guaraní.//

14.- Los tablasicus se asoman / juntos en filas de a seis/ el niñito aymara toma/ leche, buñuelos y té.

15.- Cantemos los villansikus/ creyendo de buena fe/ que en la Navidad el Niño/ es indígena también.

Felicidad, compañero/ brindemos con té con té/ con picana, con buñuelos/ y un buen sucumbé. ¿O qué?

15.- Cantemos los villansikus/ creyendo de buena fe/ que en la Navidad el Niño/ es indígena también...

Coco Manto (Periodista)

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